La comida rápida ha sido fuertemente criticada desde un punto de vista nutricional porque suele ser alta en grasas saturadas, sal y calorías. Ahora se ha identificado otra manera en que el consumo de comida rápida podría afectar la salud: la presencia de sustancias químicas potencialmente peligrosas en los envases.

En un estudio reciente, un equipo de científicos de distintas organizaciones sin fines de lucro, instituciones académicas y agencias gubernamentales llevó a cabo el primer análisis comprensivo sobre la prevalencia de productos químicos altamente fluorados en los envoltorios de comida rápida en los Estados Unidos. Se analizaron más de 400 muestras de 27 cadenas conocidas de comida rápida para detectar la presencia de una clase de productos químicos llamados sustancias perfluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés), incluyendo el ácido perfluorooctanoico (PFOA). El PFOA es uno de los tres productos químicos que se están investigando en el proyecto “Exposición temprana en adolescentes latinas” (Early Life Exposures in Latina Adolescents; ELLA por sus siglas en inglés).

Los investigadores hallaron que casi la mitad de los envoltorios de papel (por ejemplo, las envolturas de hamburguesas y las bolsas para pastelería) y el 20% de las muestras de cartón (por ejemplo, las cajas para papas fritas y pizza) contenían flúor, un marcador de PFAS. “Se han vinculado estos productos químicos con numerosos problemas de salud, por lo que es preocupante que las personas estén potencialmente expuestas a ellos en los alimentos,” dice Laurel Schaider, química medioambiental de Silent Spring Institute y autora principal del estudio. “Los niños son especialmente sensibles a los riesgos de salud porque sus cuerpos en desarrollo son más vulnerables a los productos químicos tóxicos”, advierte Schaider.

Se ha asociado la exposición a algunas PFAS con cáncer, enfermedades de la tiroides, inmunosupresión, bajo peso al nacer y disminución de la fertilidad. Las PFAS también son productos químicos que provocan alteraciones endocrinas (es decir, productos químicos que interfieren con el sistema hormonal), una condición que tiene implicaciones en el cáncer de mama.

Al analizar las PFAS presentes en las muestras de envases de comida rápida, el equipo encontró que algunas muestras contenían PFOA. En el  estudio ELLA, los investigadores están analizando si la exposición al PFOA durante la pubertad da lugar a cambios en los senos que podrían aumentar la posibilidad de que una niña desarrolle cáncer de mama más tarde en la vida. La adolescencia es un período crítico en la vida cuando el cuerpo es especialmente vulnerable a la exposición química.

Aunque los principales fabricantes en los Estados Unidos voluntariamente dejaron de usar PFOA en los envases de alimentos en 2011 debido a los riesgos para la salud, el nuevo análisis demuestra que estos compuestos siguen presentes. Muchas empresas han reemplazado el PFOA por compuestos de PFAS de cadena más corta, algunos de los cuales se detectaron en el estudio. “Sin embargo, los compuestos de reemplazo son igualmente persistentes y no se ha demostrado que sean seguros para la salud humana,” declara la Dra. Arlene Blum, co-autora del estudio y fundadora del Green Science Policy Institute.

Además de los envases de alimentos, los productos químicos altamente fluorados son ampliamente utilizados en una gran variedad de productos antiadherentes, resistentes a las manchas e impermeables, incluyendo alfombras, utensilios de cocina y ropa para el aire libre. ¿Desea reducir su exposición a los productos químicos altamente fluorados? Visite la sección de recursos  en el sitio web del proyecto ELLA para encontrar consejos en inglés y español.

También puede leer el artículo revisado por pares aquí.

Además de Schaider y Blum, los otros integrantes del equipo de estudio fueron Graham Peaslee de la Universidad de Notre Dame, Simona Balan del Departamento de Control de Sustancias Tóxicas de California, David Andrews del Environmental Working Group, Mark Strynar del National Exposure Research Laboratory de la EPA, y Johnsie Lang del Oak Ridge Institute for Science and Education.

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